Ezequiel tiene 38 años, es un diseñador gráfico independiente especializado en Diseño Editorial y desarrollos para la web. Además tiene más de 18 años de docencia en DG Editorial y Tipografía en la Universidad de Buenos Aires. Especialista en diseño de libros, es 3er Dan de Taekwon-do y corredor amateur.

¿Cuál es tu orígen? De chico siempre construía cosas con Rasti (en los 80 los Lego® no se usaban tanto en Argentina). Miraba Mazinguer Z por TV, esperando ansiosamente que empiece a las 17 h en Canal 9, y en vez de comprarme el juguete deseado, lo construía. Median como 30 cm e incluso se transformaban en avión y esas cosas que a los adultos como yo nos sigue gustando. Creo que eso fue lo que me dió la señal de que me gustaba observar y hacer algo con la información que almacenaba.

Luego me obsesioné con los comics, la cultura pop, Queen, Los Beatles y mi sueño era ser dibujante de historietas. Con esa inocente intención me anoté en la carrera de Diseño Gráfico en la FADU, como un pasatiempo mientras me desarrollaba como dibujante. Cuando me quise acordar habia dejado de dibujar y estaba totalmente enganchado con la carrera. Luego de un 1er año decepcionante (la FADU puede ser muy frustrante si te anotas en las cátedras equivocadas) a partir de 2do año los profesores me fueron transfiriendo su pasión y compromiso, y la idea de que el diseño es mucho más que acomodar bien las formas. Desde entonces estoy buscando ser bueno en esto. (Volver a dibujar es la asignatura pendiente para equilibrar un poco las cosas.)

¿Cómo empezas a crear? Mi proceso de diseño es caótico, de búsqueda, prueba, ceder a las tentaciones, dejarlas de lado, volver a empezar. Repetir. En general hay un tiempo de vacío inicial, de varios días antes de empezar a producir de manera concreta pero se inicia un mecanismo interno que es una mezcla de oficio con creación. Cuando tengo más tiempo, el proceso es largo e intenso y hay lugar para reflexionar y probar, como en las Obras Completas de Macedonio Fernández que rediseñé hace poco, o las de Arturo Jauretche que acaban de salir al mercado y resultaron elegidas como finalistas y “Proyecto destacado” en el premio CMD al diseño como estrategia de innovación .

En estos casos hago como 20 propuestas diferentes de las cuales el cliente ve solo algunas, es un proceso que termina en 2 momentos posibles: cuando se produce un acomodamiento visual/conceptual tal que la cabeza deja de hacer ruido, o cuando el cliente te amenaza para que entregues.

😀

Siempre trato que el azar y capricho sean ingredientes en lo que hago. Bah, no trato: me sale así. Me gusta pensar al trabajo como una interpretación, como algo en movimiento. La pieza final tiene una forma determinada pero podria haber sido otra. La manera de manipular la relación entre qué se dice y cómo se lo dice siempre es arbitraria.

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El cine está lleno de ejemplos de azar. Muchas escenas icónicas surgieron a partir de la improvisación: hay un guión genial, un director atento, un actor preparado; pero en un momento alguien rompe con el esquema e inventa algo. La escena de “you talkin’ to me” en Taxi Driver. Todo el mundo la conoce, aunque no la haya visto, trasciende la película. Cuenta la historia que De Niro estaba interpretando esa frase frente al espejo, en diferentes registros, para que luego Scorsese eligiera una, pero el mantra maniático que se generaba al ver la secuencia completa era tan potente que el director la dejó entera. Ahi tenes un guión que deja un pequeño hueco (solo decía “Travis le habla al espejo”), un actor comprometido que lo llena con algo y un director que ve la genialidad que acaba de ocurrir. A otro director se le pasa, no la ve, se pierde.

Nicholson también improvisó su grito de “Here’s Johnny!” en El resplandor. En otra de Kubrik (un director particularmente obsesivo), La naranja mecánica, la escena donde Alex canta Singing in the Rain mientras muele a golpes a un viejito es improvisada (nadie sabe por qué se puso a cantar eso). Con esto quiero decir que muchos de los momentos poderosos aparecen en un contexto controlado donde algo se sale de órbita. La identidad está en el error, pero hay que estar atento para no descartarlo. Es asi como, de tantos desatentos, todo se parece entre sí.

Asumiendo riesgos se tienen más chances de lograr un objeto de diseño potente. Hay sillas super confortables que partieron de ideas incómodas. La incomodidad para lograr la comodidad.

La principal estrategia del diseño es sacar de contexto las cosas. Si descontextualizamos mucho, no se entiende, si contextualizamos demasiado, aburre. Creo que un diseñador es más efectivo mientras se pueda mantener en ese filo, esa delgada línea que divide lo obvio de lo críptico. Ubicarse en ese filo en cada proyecto es lo tiene el potencial de hacernos diferentes.

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¿Cómo diseñas un libro? “Para escribir antes me despojo de las palabras. Prefiero las palabras pobres que sobran”, dice Clarice Lispector en Un soplo de vida.

Me gusta utilizar lo que normalmente serían descartes para construir una tapa. Mi inventario se compone de unas pocas tipografías (muchas bastardas y grotescas), fotos de todo tipo y, sobre todo, poco tiempo. Es decir, generalmente tengo que presentar las propuestas pocas horas después de que me llega el pedido e intento usar la falta de tiempo como recurso. Me interesa que las tapas tengan una desprolijidad controlada.

Nunca disfrazo la tapa de algo (tapa-de-diario, servilleta, carta-manuscrita, diario-íntimo, etc.). Puede haber una referencia a estos elementos pero siempre como guiño o referencia. Es una cubierta de libro, tiene suficiente carga cultural como para necesitar simular otra pieza. No quiero subestimar al lector y por suerte las editoriales para las que trabajo están de acuerdo en que es importante dejarle un margen para que la tapa respire y el lector interprete.

Digamos que en un sentido amplio podríamos llamar a las editoriales “marcas” donde su identidad pasa por publicaciones. En ese sentido me interesa porque a partir del diseño de las colecciones y portadas se abre un potencial para construir una identidad más rica, compleja, abarcativa que un trabajo de branding para una marca. Es otra sintonía, donde me siento más a gusto.

¿Qué publicaciones te da placer leer? Siempre me interesó la Revista Colors, que en su momento diseñaba Tibor Kalman con fotos de Mario Testino. Era un lindo equilibrio entre forma y contenido. Las fotos geniales, el texto aportando lo suyo cada cosa en su lugar y con total libertad a la vez.

Me interesa la Revista Adbusters, una publicación combativa y globalofóbica. Son revistas comprometidas con una idea de edición tan fuerte que cada número puede ser totalmente distinto al anterior sin perder identidad.

¿Cómo es tu rol de docente en la UBA? Doy clases en Diseño Gráfico Editorial, Cátedra Manela, en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Somos un equipo muy comprometido de 14 docentes. Es una materia del último año de la carrera y contra lo que uno podría suponer, a veces es un problema que los alumnos vengan formados visualmente. Llegan con una idea definida de como resolver los proyectos basada en lo que se supone que está bien. Manejan la técnica pero no la identidad. Hay una tendencia a que todos hagan lo mismo y vayan en busca de lo lindo, lo que está en la vidriera, lo que cotiza en el mercado, lo masivo, el consumo pajero del diseñador para el diseñador. Me gusta pensar la Universidad como un espacio para que el alumno busque su propia identidad, haga las cosas a su manera. A mis alumnos siempre les digo que hagan cosas feas, que rompan con el monopolio de lo lindo y aceptado. La identidad está en lo que les sale mal. Los Ramones querían sonar como los Beach Boys pero no les salió. En el camino inventaron el Punk.

En la Cátedra tratamos de desacostumbrarlos a los métodos y funciones del diseño, a la noción cerrada de sistema, tratamos de que piensen la relación con el cliente desde un lugar más protagonista y culturalmente sólido.

¿Cómo ves el diseño en Argentina? Hay muchísimos colegas súper talentosos. Técnicamente admirables, en general el nivel de diseño es muy bueno, pero un problema que siempre percibí es que en Argentina no tenemos herencia directa del Diseño Gráfico: nuestra profesión derivó de las agencias de publicidad clásicas, al estilo norteamericano. Por eso el diseño en Argentina tiende a ser publicitario, gritón, más parecido a un Tinelli que a un Dolina. No tiene nada de malo gritar cuando es necesario, pero a las 12 de la noche no necesito a alguien que me taladre los oidos. Hacen falta otros registros.

Me gustaría que la tendencia vaya en dirección a que los diseñadores construyan una identidad propia y no terminar siendo un espejo de lo que pasa en los websites que están a la moda.

Tu día perfecto “Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.” Lo dice Borges y coincido.

 

LOS 9 ELEMENTOS
1 Viajar a New York
Tomarme un Clos de los 7
3 Decirle algo a algún alumno que le cambie la manera de pensar
Releer Elogio de la sombra, de Tanizaki
Escuchar Dear Prudence, del Album Blanco de Los Beatles
Jugar con mis gatas Spirulina y Castelar
Sacar una buena foto
Correr en silencio
Vivir en Buenos Aires

+
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