La fotografía es uno de sus medios para vincularse consigo mismo y con el mundo, entre la luz y la sombra viaja por zonas lejanas que lo emocionan y apasionan. Fabio Borquez es un guerrero de la imagen que lucha sus batallas y avanza un poco más, excede sus límites, abarca lo que le entusiasma y moviliza. El arte de la fotografía lo eligió a él como predestinado a hacer lo que le gusta hacer. La cámara es una excusa, una herramienta, una extensión de él mismo. Un argentino que no pierde su mística del barrio, la familia y sus amigos, supo crear su propio mundo con sus obras e ideas.


Agradecimientos. AdriGodis, Ramiro Zubeldia
Entrevista realizada en Bubble Studios
Producción.  Castworld

 

 

¿Cuándo tomaste contacto por primera vez en tu vida con la fotografía? Saqué fotos siempre, desde chico, intentaba sacar fotos con la máquina de mis viejos hasta que me regalaron una Kodak bastante primitiva y desde ahí empecé a jugar.

 ¿Cuándo sentiste que ese era tu camino? Me parece que cuando estaba de viaje en India y cambió todo un poco en mi cabeza, en ese momento estaba recién recibido de arquitecto y perfilaba mi vida para dedicarme a esa profesión, pero dije… no quiero hacer más esto y sí quiero ver el mundo. Como arquitecto en el hemisferio sur era muy difícil proyectarme para viajar, de repente las fotos que había traído de mi viaje, empezaron a gustar a la gente, un par de fotos fueron elegidas para un concurso que después gané y a partir de eso fue una montaña rusa que nunca paró!

Profundicemos más, ¿Cómo empieza tu pasión por la fotografía? A mí me maravilla de la gente y siempre fue así, las distintas etnias, las diferentes lenguas, me gusta como el ser humano piensa de una manera acá en Argentina o cómo puede pensar en un lugar completamente diferente en medio del desierto, en la jungla o en lo urbano europeo. Los ámbitos culturales definen a la humanidad y la cultura define al hombre, un día cuando tenía seis años me explicaron qué era el globo terráqueo y desde ahí se imprimió en mi cerebro la idea de conocerlo.  Sumergido en las aventuras de Salgari, de Nippur de Lagash o en libros de historia y geografía, me propuse viajar, quizás un sueño bastante lejano para un pibe de clase media de Hurlingham. Con el tiempo empecé a registrar lo que veía. Conocer lugares, interpretar miradas, aprender a mostrar sentimientos puros, la alegría o el dolor, explorar mis fetiches y recorrer con mi cámara cada una de las curvas que rodean a una mujer que fue una decisión importante, casi blasfema para un nuevo arquitecto que dejó la comodidad de esa inserción laboral por un destino incierto, lleno de preguntas y preconceptos. Dicen algunos que saben que soy como “un arquitecto que saca fotos” más que un fotógrafo, porque siempre está en mí el encuadre arquitectónico, mas allá que mis motivos sean personas y la arquitectura sea un complemento, en la composición. El desafío, aunque suene remanido, fue siempre captar a la gente e intentar retratar el alma, lo interior, un fotógrafo es un desfachatado que no conoce límites, muchas veces me he preguntado si no había ido demasiado lejos, al tomar una imagen.

¿Oportunidad o inspiración para captar un momento, un instante de algo o alguien, cómo pasa en vos? Todo sucede porque tiene que suceder, nada es casualidad, el mundo tomado como un gran escenario… Si por analogía metafórica la cuestión es graficada en una bandeja de asado, es saber si extraeré a los chorizos o le daré un papel primordial a la morcilla , el vacio ocupará la parte de atrás , para que quizás se luzcan los chinchulines en el marco inferior o sí simplemente me ocuparé del conjunto, ahí está todo, esperar…tomar lo que uno necesita, esperar… sacar lo que sobra, esperar…,saber reflejar el instante preciso, esperar… encontrar el tema, esperar…buscar la luz… actuar!!! El obturador abrió el diafragma, dejo pasar la cantidad de luz necesaria, que quedó impresa detrás en un sensor que había sido notificado en su sensibilidad por una determinada cantidad de ISO, Plimp! Una foto! Ya todo está, los miles de reflejos fueron sintetizados en uno; el momento irrepetible fue congelado para siempre. Me lo imagino como una secuencia en slowmotion grabado a ciento cincuenta frames por segundo, con música de Tchaikovski detrás, algo así como un film de Tarantino, cuando Travolta vacía su pistola y las balas caen lentamente al piso, y rebotan, como un obturador que se cierra y se vuelve abrir, mientras el pulgar no jala ningún gatillo, sino que juega matemáticamente con las rueditas de la cámara que cambian precipitadamente en un parpadear de ojos, los promedios de luz o los puntos de foco. Hay que ser solo rápido! Tener paciencia, no dormirse en la espera y actuar cuando es necesario…parece fácil, no? tampoco vaya a ser cosa que uno se ponga a disparar porque sí; solo con la esperanza vacía que alguna foto será buena! Una buena foto no significa que todos miren a la cámara y sonrían. Para mí es una composición milimétrica y casi inamovible de la realidad, será un milisegundo después, un par de milímetros de desplazamiento y cuando la luz haya cambiado un par de lúmenes, otra foto, otra historia! por supuesto lo innato juega a mi favor en la tarea de saber mirar y apretar el disparador en el momento apropiado, lo demás vino con el tiempo. Una foto familiar, esas que también saco de forma privada, retrata un momento, ahora cuanta magia se esconde detrás de ella, será directamente proporcional al tiempo que uno le dedica a estar frente a ella, si termina siendo una buena foto o no, será una suma de factores anecdóticos o subjetivos y al final del oscuro camino, no más que el resultado del simple y heterogéneo gusto del observador, esa foto puede contar una historia, o simplemente ser olvidada dos minutos después. Si fuera por mí sacaría fotos las veinticuatro horas del día, me da una energía extra, me olvido de los males del mundo, de mis achaques, si tengo dolor de cabeza, cuando agarro la cámara es fácilmente olvidado, es más, voy a intentar usar mi cámara como una especie de placebo de paracetamol. El tiempo deja de existir y estoy tan ensimismado en la cuestión que pueden pasar diez horas y pensar que solo ha transcurrido unos cuantos minutos. Hace muchos años estaba haciendo un shooting con una modelo desnuda, con dos lámparas de tungsteno de dos mil quinientos watts cada una, se juntaron dos temas, el primero el cuelgue de estar sacando fotos, el segundo que al ser daltónico, ni me dí cuenta que la modelo estaba roja como un langostino, yo seguí sin darme cuenta que la estaba asando desde hacía seis horas; en un momento me dice que no podía cerrar los ojos, la llevé a las tres de la mañana al hospital, cuando salió, tenía los ojos vendados, solo un susto, pero desde ese momento trato de que alguien me recuerde cuando paso más tiempo del convenido.

¿Qué reflexión te genera la fotografía con dispositivos móviles? La gente deja de cargar máquinas que son pesadas e incómodas para llevar, algo mas chiquito y compacto, es bastante engorroso andar con una cámara que pesa más de tres kilos y medio, un mamotreto que no se compara con la delgada silueta de un celular. Hace un par de años, hice un libro para una empresa de papeles de arte para fotógrafos, que vino y me propuso sacar fotos con un celular. Tuvimos una reunión y me explicaron el concepto y era sacar fotos mostrando que para una foto lo importante no era la maquinaria, el hardware, sino lo importante era el ojo. Me pareció bueno y ahí acepté e hicimos un libro con todas fotos del celular que fueron geniales, ese libro fue el tema de la empresa en Photokina (la exposición de la industria fotográfica más grande del mundo). Después es una cuestión de iluminación de como está sacada, al no ser lo habitual fue un desafío usar el celular para encuadrar, para iluminar bien y para que todo cobre un carácter profesional. El mundo cambia demasiado rápido, la gente corre detrás de lo tecnológico, si uno piensa que viví más de una década usando una Nikon F3 HP y ahora a cada rato sale una nueva cámara, uno tiene que estar siempre preparado a subirse al tren, si te quedas abajo no lo alcanzas más.

Anécdotas, momentos, recuerdos de tus viajes. Siempre hay una historia atrás con cosas que pasaron y pasan. En la fotografía de desnudos suceden cosas muy locas. ¿Porqué tengo que hacer esta foto? ¿Tengo derecho a hacer esto? He hecho fotos en tribus y hasta ahí he tenido que viajar ocho horas en camioneta en un camino sin almas, sin nada, con polvo de arena, todos con pañuelos, con gente que iba vomitando atrás porque se mareaban ya que la camioneta saltaba por un montón de no-caminos todo para llegar a un pueblo que viven casi como en el neolítico, y retratar a esa gente que vive como hace diez mil años.  Existen otras posibilidades de ver a este tipo de personas en la playa de Mombasa Kenia, tipos que andan haciéndose los primitivos para las fotos de los turistas, una especie de Disney…fotos con un monito al lado tuyo, una lanza made in china,  pero para ver a los “posta” te tenes que meter en las entrañas del lugar y ver cómo piensa y vive realmente esa gente. La expresión “off the beatentrack”, que significa, como visitar lugares apartados donde nadie más ha estado, o como me diría mi viejo directamente a mí: “este muchacho siempre se está buscando problemas” Ahora quiero hacer un viaje a Valle del Omo en el sur de Etiopía, sin querer te metes en lugares donde no te están esperando, o con cero ganas que les saques fotos, donde hay gente armada, ahí tenés que explicarles muy bien que haces por allí. Pasa por una cuestión adrenalítica en la vida, sacarle una foto a una chica desnuda para mí ya ha dejado de ser un hit, sabés lo que vas a hacer, conoces la luz ya ves a la persona y sabés por dónde vas a ir. En Alemania se dice sacarle el lado del chocolate, encontrar lo mejor que tiene y explotarlo, y utilizar la sombra para esconder imperfecciones, si tiene la nariz grande, sus ojos, las curvas, ya conocés los parámetros de luz de memoria. Siempre dije que soy un niño, lo lúdico en una persona o en un creador es lo más importante, los niños juegan, sienten siempre curiosidad, son inquietos. La gente en la adultez deja de jugar, uno va creciendo y la vida te va creando una cáscara o caparazón entonces esa introspección que uno normalmente tiene, cubre una capa con otra en un sin número de cáscaras como en una cebolla y al alejarnos de nosotros mismos olvidamos ese sentimiento de pureza.

¿Cuáles son tus motivaciones profesionales? Siempre estoy buscando un desafío, una cosa nueva que me vuelva a inspirar. Yo pintaba, cuando llegué a Alemania estaba con una galerista y ya era como que no quería trabajar más como arquitecto. Relativicé mi manera de ver el mundo cuando tenía veinti pico de años. En ese momento me interesaba el dinero, después estuve becado afuera, más tarde me fui un par de veces y me dí cuenta que no quería tener plata, que lo que quería era ver el mundo y que la plata no me la iba a llevar si me moría. No me llevaría lo que tenía puesto, uno nace sin nada y muere sin nada, lo único que sí me llevaré es lo que he visto, lo que vivencié. Descubrir eso gestó mi proyecto de vida y me hizo cambiar radicalmente mi manera de vivir.  En Buenos Aires, como arquitecto vivía muy bien, el azar hizo que deje todo radicalmente.

Contanos sobre tu obra fotográfica, libros, films. ¿Qué momentos en cada etapa te marcaron o fueron especiales para vos? Cada etapa en mi vida fue especial, a todas las unió el común denominador de una palabra: búsqueda. Siempre busqué, en algún momento llegué hasta descifrar el destello de un encuentro, pero no deja de ser una alquimia encontrar lo que uno busca detrás de las finitas paredes que van cayendo a nuestro paso. A veces el azar hizo su entrada divina para que algo suceda u otras tantas irreflexivas decisiones  hicieron que mi vida se tuerza ciento ochenta grados y se vuelva a torcer y a torcer. Lo que más me maravilla del ser humano es la negación a la contradicción que nos es tan común. Y en este punto siempre he sido un contradictorio declarado que hace lo mejor que puede con lo que le tocó vivir. En esa búsqueda, plagada de azar y decisiones intespectuosas, aparecieron la pintura, la fotografía y ahora la realización de films. Cada camino fue elegido con pasión, pero eso no alcanza, las respuestas tienen que conmover y si no se alcanza ese estadio, hay que saber pasar la hoja, hasta ahora creo haber podido contar historias efectivas solo con mis fotos, llevar a que la gente que se para frente a ellas, imaginen historias, que sientan cosas, que provoquen. Pero no descarto seguir insistiendo en otras disciplinas. El dramatismo, de la imagen, la irreverencia o la auto censura de los motivos marcaron mi estilo, esa marca implícita de un ojo, de una manera personal de mirar, el autor  escondido detrás de una cámara está reflejado en ese instante que capté, el momento mágico en que el obturador se disparó. Otra cosa que siempre me molestó fue la comodidad, sentirse cómodo haciendo algo desdibuja un poco la pelea, así que voy tratando de hacerme a un lado de ese sentimiento y ampliar la búsqueda o hacerla más rica. Los desafíos conmutan el sabor amargo que uno siente ante la soledad de la creación y lo van transformando en nuevos logros o nuevas frustraciones. Lo importante es buscar, pero lo que es decisivo es hacer, y si alguien me preguntara que soy, no se si diría que soy arquitecto, o fotógrafo o director, creo que contestaría: hacedor! Si lo que hago es bueno o no, no lo sé. Ahora lo que nadie puede negar es que hago cosas, no me quedo elucubrando ideas que no se plasman, yo hago, si me equivoco, vuelvo a probar. Los libros le brindaron una dimensión internacional a mi trabajo que dejó la etapa virtual de internet, para convertirse en un objeto tangible de una editorial.

Fabio Borquez Editorial

Fuera de la fotografía, la arquitectura, o los viajes, ¿Qué otra cosa te gustaría hacer? Me gustaría tener más tiempo… he tratado de imaginar con las herramientas pueriles de un ser humano medio, como sería la vida si uno la pudiese detener a su antojo. Tipo una especie de Play, Pause  y de nuevo Play. Todo pasa demasiado rápido! El tiempo se evapora mas allá que a veces el tedio lo pueda oscurecer, lo que queda es solo el acá y ahora, que quedaron ya detrás en el momento que uno las pronuncio.  Más tiempo!!! Tiempo para disfrutar a mis hijos, para leer, para escuchar música, que las posibilidades y capacidades cognitivas se amplíen y pueda cuan esponja absorber todo lo que me rodea. A veces uno en la esquizofrenia del mundo en que vivimos, toca los extremos de la percepción: miro una película, edito fotos y hablo por teléfono con la loca excusa de que el tiempo no alcanzará para hacer las cosas por separado. Hoy esta todo ahí, al alcance de un click y eso ha sido un cambio en la humanidad, la cual no estaba preparada para confrontarlo. Uno mira una película y a la vez está googleando los nombres de los protagonistas o mirando en una pantalla paralela quien diseñó el vestuario o alguna otra estupidez. La atención se desglosa en miles de partes y a los curiosos como yo los aturde y seduce esa información ilimitada que subyace delante de uno.

Valores, familia, ¿qué cosas anhelas más cuando viajas que al volver te satisfacen? ¿Cómo ves el mundo que les quedará de legado a tus hijos? A los valores los alinearía primero como estrictamente culturales y en segundo plano personales. Seguramente en un país de medio oriente mis valores sean obscenos o procaces. La subjetividad de los valores personales tienen que ver con una posición frente al mundo, la sociedad establece valores comunes que hacen que supuestamente exista el orden. Mis valores atrofiados por la veta artística siguen por supuesto poniendo en primer lugar a mi familia, la sangre es más espesa que el agua, siempre. El mundo que le quedará a mis hijos será un acertijo, ni mejor ni peor que el mundo que Colón les dejó a sus hijos, solo remitirse al mil quinientos seis cuando la muerte lo sorprende sin saber que a la vuelta de la esquina no estaba la India, sino que había un nuevo mundo. Hoy cuando pensamos que hemos visto todo, la civilización se perfila hacia nuevos horizontes, que quizás estén mas cerca de lo que uno piensa. Los anhelos son contradictorios en mí. Soy un inmigrante, que ha dejado su país hace diez y ocho años. Una vez cuando estaba volviendo a Argentina, sentado al lado mío venía un hombre que también retornaba al país pero que hacia veinte años vivía en Suecia, en ese momento me parecía tan lejano que eso me pueda pasar a mí y ahora casi lo estoy viviendo, esa vuelta a las raíces que trato de hacerlo por lo menos una vez por año, días antes de viajar a Buenos Aires reniego del hecho de cruzar y busco excusas inexistentes para no realizar el viaje, lo mismo me pasa, cuando estoy allá, cuando ya estoy por emprender la vuelta, me cuesta dejar atrás a mi familia. Tendría que saber procesarlo de otra manera, pero no he podido encontrar las herramientas que me impidan hundirme en un mar de lágrimas y eternas despedidas.

¿Sos de tomarte tiempo en soledad después de alguna sesión fotográfica o viaje? ¿Necesitas conectarte de manera especial antes de un trabajo? Esta semana justo estuve en Amsterdam y dejé allí a una amiga, que viaja sola por Europa y le comentaba que no sabía como hacía ella para quedarse sola. La soledad no es una buena consejera en mi vida, nunca me gustó estar solo. Me gusta compartir lo que uno vive y nunca he sabido encontrar el disfrute de no hacerlo. Por supuesto he estado muchas veces solo, trabajando aquí y allá. Conectar con lo creativo es como estar sentado frente a una hoja en blanco, en mi caso no hay genialidad, solo hay trabajo, y encontrar el camino correcto a veces es difícil. Hay trabajos que a uno lo consternan más que otros, eso ya se vislumbra si algo a uno le quita el sueño, la preocupación de generar algo coherente, de que las cosas salgan bien, a veces es demoledor. Pero cuando estoy ahí, los temores se disipan y salgo a la cancha con lo mejor de mí, en ese momento nunca hay lugar para dudar y las respuestas empiezan a aparecer solas.

 ¿Proyectos, futuro? ¿Algo que quieras adelantar y compartir?  Dijo Buñuel, si el día tiene veinticuatro horas, denme dos horas para vivir y el resto para soñar. En mis veinticuatro horas casi la mayor parte del tiempo se me van acumulando ideas de fotos, de posibles guiones, de escenas que no tienen conexión entre ellas, siempre me terminan faltando dos monedas para el peso, ya que quedan la mayoría de estas elucubraciones olvidadas en algún cajón cerebral. En el último tiempo estoy apelando a anotarlas. La memoria cifra cuestiones en lugares recónditos que con los años se vuelven cada vez menos accesibles. Estoy trabajando con un proyecto de flores, mujeres y hombres desnudos en comunión. Hace ya más de un año. Recién acabo de terminar mi thriller “RISS”, así que por ese lado estoy haciendo una catarsis del tema, y recomponiendo el vacío que se produce en el artista después del estreno. Quizás vuelva a caer la moneda en la cara de un proyecto fotográfico o en la seca de un film, quien sabe. Y si la vida me llevó a perder el pelo, lentamente deja uno de ver como un águila o la piel se olvida de la frescura. Lo único que espero nunca perder es lo lúdico que habita en mí. Me gustó como Valeria Schapira terminó el prefacio de mi último libro: “El arte de Borquez es luz y sombras. Él dice que cuando fotografía, lleva el diablo en el cuerpo. Se nota. ¡Caramba cómo se nota! Por eso sus fotos tienen ángel. Y demonio. Mucho demonio”.

 

Nueve elementos:

 

  1. Pasión. Palabra de uso remanido y muchas veces mal usada y/o interpretada.
  2. Sonido. Silencio, la única vez que lo experimenté fue debajo de la pirámide de Keops, en la cámara de la reina, hoy los sonidos que más me gustan son las palabras de mis dos hijos cuando me hablan.
  3. Cromático. Soy daltónico así que el universo cromático tiene un desglose particular y a veces poco feliz para el entorno que no entienden como no puedo aprender esos colores que mi ojo no ven.
  4. Aves. Hormonas.
  5. Caos. Pune, estado de Maharashtra en India.
  6. Noche. El mejor tiempo para trabajar y concentrarse.
  7. Film. Fellini.
  8. Palabra. Herramienta de comunicación.
  9. Creación. Dios.

Fabio Borquez 29

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