El arte y la fotografía, cuando trascienden y expresan un mensaje claro y apasionado, cierran un círculo virtuoso que impacta positivamente. Gaby Herbstein, fotógrafa y artista visual, nos invita a recorrer un mundo poco conocido  y movilizador. La Diablada, un proyecto que en realidad es un sueño revelado en imágenes.

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Ph. Gentileza Gaby Herbstein

 

¿Cómo nace el proyecto?  Surgió como un regalo, una bendición, porque la verdad que La Diablada me encontró a mí, yo no fui a La Diablada. En realidad a mi me contrata el Gobierno de la Provincia de Jujuy por un proyecto para fotografiar paisajes y gente. Lo que sí sabía era que quería ir durante los carnavales y había visto dos fotitos en las redes sociales de algo que se llamaba La Diablada pero no explicaban muy bien que era. Vamos a ver qué hay, y cuando fui y lo vi realmente, fue una fascinación. Empecé a ver todo lo que era ese movimiento autogestionado por la gente, por el pueblo, muy poco conocido, y me pareció de un valor artístico muy potente, y a la vez, no solamente artístico sino también cultural muy fuerte y argentino.

Es muy difícil encontrar este tipo de expresión donde la gente construye sus propios trajes. Primero los piensan, los sueñan y luego los construyen ellos mismos, los van cociendo, comprando sus elementos con sus propios ahorros. Es todo autogestión y durante esos ocho días y nueve noches que ocurre el carnaval, esta gente se empodera en esos disfraces con una mezcla de elementos de la cosmovisión andina, y además, el significado del traje tiene que ver con desprenderse.

Cada diablo es muy diferente al otro y cada diablo es una personalidad. Los ves salir de adentro de esas casas humildes y de pronto salen quince diablos que son un fuego, portando esos trajes con orgullo. Estuvimos hablando con ellos en sus casas y la verdad es que es un orgullo que ellos tienen, las comparsas,  su construcción, el jefe de la comparsa, todo esto se hereda de generación en generación.

¿Por qué el diablo cómo símbolo?  Ser diablo no es el diablo malo. Es el diablo de la alegría y es la oportunidad para desprenderse de toda la negatividad que fueron acumulando durante el año y vivir la alegría y el momento a pleno. También es una oportunidad para crear, meterse dentro de ese disfraz y ser otra persona, hasta cambian sus voces. Me pareció tan genuino. Y a la vez, el orgullo de llevar ese traje y la ofrenda a la Pachamama como el reconocimiento a la Madre Tierra, esa contemporaneidad de la mezcla de culturas con elementos del cristianismo, esto de que los diablos van a bendecir los trajes antes de salir,  pero a la vez ellos ofrendan a la Pachamana todo lo que van a utilizar para el festejo. Hay un día especial en donde ellos se cuelgan unos collares con frutas y verduras que los llevan al mojón, que es una pila donde ellos los ofrendan a la Pachamama, y como agradecimiento, muchos de ellos también lo hacen con sus trajes al final del festejo haciendo promesas y quemándolos en el último día.

Hay una Diablada en Bolivia y el origen ahí tiene que ver con la misma cosmovisión andina. Los diablos son diferentes, el diablo de Bolivia es un diablo que yo lo veo más parecido a algo más oriental, a los dragones chinos, son distintos. Es la diversidad lo que le da la riqueza, esto es lo increíble y lo fascinante. Primero 100% contemporáneo y a la vez diferente a otros carnavales y a otros diablos de otras partes. Son todos diablos.

Otra costumbre increíble y divina que tienen son las invitaciones: la gente abre sus casas e invita a las comparsas, las señoras abren el patio de sus casas, preparan tortas y algo de comer y reciben a las comparsas. Son invitaciones para la gente. Yo estuve en varias casas también y es hermoso ver como comparten, disfrutan y como festejan. Tiene elementos que son muy interesantes, como por ejemplo, el talco. Ellos todo el tiempo están tirando talco y espuma, ¿cuál es el significado? Unifican como un hilo conductor, al estar todos del mismo color, y después está la albahaca que llevan todos. Lo veo que tiene que ver con la esencia, con el perfume de la vida, como una aromática.

¿Cuál es uno de los aspectos más trascendentes?  Me pareció muy fuerte culturalmente y lo que me sucedió en mi primer viaje a Jujuy fue que en el avión de regreso, decidí que tenía que volver antes de que termine el carnaval. ‘Chicas, tengo que volver’, le dije a mis hijas, y al otro día volví.  Ahí empezamos a contactar más, a acercarnos y a estar en las casas de la gente y eso fue alucinante también. Pudimos verlo desde adentro y tuvimos la oportunidad de charlar mucho más y de entender cuál era el sentimiento profundo detrás de La Diablada,  detrás de toda esta manifestación. Todos nos recibieron súper bien. Es gente muy buena y el festejo es sano por más que haya alcohol. Toda la gente es muy respetuosa y hay una sensación muy linda. Me pareció algo destacable y la verdad que sentí cierta responsabilidad para que esto se conozca. No entendía cómo esto no lo conocía mucha gente más. Me sorprendió muy positivamente y pensé: Esto se tiene que conocer.

Contanos sobre tu experiencia de producción.  Lo que fue alucinante era que todo estaba ahí. En mi trabajo lo que se suele hacer es construir imágenes ¡y ahí no hice nada! Simplemente fue editar con mi mirada porque justamente de lo que me preocupé fue de construir lo menos posible, no tocar nada de lo que estaba, simplemente respetar, observar y fotografiar lo que me parecía interesante. Fue un ejercicio muy lindo porque inclusive en la post producción tampoco hice nada, simplemente fue editar la realidad. Me encontré desde otro lugar más periodístico ¡y me encanto! Fue trabajar de manera muy diferente a como yo estaba acostumbrada, muy relajada, me sacó de la rutina y del circulo habitual. Me gustó muchísimo hacer esto. Por eso lo vi como un regalo en el sentido de decir: ‘¡Qué buena oportunidad’, porque fue eso simplemente. Elijo editar con la mirada y todo esta acá. No quiero tocar nada porque lo que hay está ahí, sólo estoy editando la realidad. Fue muy interesante salir a divertirnos con ellos. Fuimos a hacer fotos a la montaña roja, que quedaba a una cuadra de donde estaba, y fue muy espontáneo. Todo súper y muy interesante. Para mí fue una sorpresa encontrarlos. Mucha gente se va a sorprender viendo esto en la muestra y es nuestro, es nuestra identidad y me parece importante. Si ayuda a eso sería espectacular y esa es un poco la intención, ponerlos en valor. Esta gente se lo merece desde muchos puntos de vista. Como uno ve al gaucho y al tango como símbolos de la argentinidad, esto también es parte y es interesante que mucha gente los conozca y también lo tomen como parte nuestra. He hecho alrededor de cinco mil fotos, estuve en total una semana. Hubo días que estaba como poseída sacando fotos. Me sorprendió y me conectó mucho el tema de estar entre la gente, el poder comprender de qué se trataba, entender en profundidad qué era lo que movía toda esta gente para disfrazarse de diablo, qué estaba pasando. Esto no era un disfraz. No era una fiesta de disfraces que elijo el disfraz y me visto de la Sirenita o de Capitán América, o de Elvis. No. Los unía que eran todos diablos, entonces los veías bajar de la montaña a trescientos diablos juntos, una bajada que era impactante, no la podés creer. Esto es único en el mundo, esto no se conoce.

¿Hay cierta búsqueda interior en tus proyectos?  Soy una persona de muchas inquietudes y con entusiasmo voy generando proyectos que tengan que ver con eso. Me gusta compartir lo que me sorprende, lo que me inquieta, me preocupa y me gusta compartir y eso lo expreso. No es buscado conscientemente. Hace muchos años que voy realizando proyectos que tiene que ver con la conciencia, el planeta y la naturaleza. Le voy encontrando las diferentes aristas, voy buscando respuestas y la espiritualidad tiene que ver con una respuesta que vino de trabajos que yo fui haciendo que tenían que ver con la ecología. En este camino me encuentro con que la espiritualidad es una parte fundamental para que nosotros podamos realmente seguir manteniendo este planeta verde porque todo está en la consciencia de ser uno con el universo y con los otros. La consciencia de unidad, ahí es donde nosotros podemos ver a dónde vivimos y a quién tenemos al lado, y una vez que lo vemos, nos damos cuenta que estamos compartiendo el mismo espacio. ¿Cómo lo vamos a destruir si es nuestro? Es de todos nosotros no es de uno solo. Todo está conectado en la naturaleza y somos parte de esa conexión. Este trabajo de La Diablada, en particular, también está conectado. No es casualidad, porque no existen las casualidades, que tenga que ver con el culto de la Madre Tierra y es justamente una ofrenda a la Pachamama.

¿Qué más podés contarnos de tu estadía en Juluy?  Otro aspecto interesante son las familias. Muchas comparsas son familias. Los chiquititos también son diablos, entonces es una actividad que también se comparte en familia, es muy interesante. Esto sucede en muchos pueblos a la vez, entonces uno puede ir recorriendo. Vas a Purmamarca, a Humauaca, todo en simultáneo. Es algo nuestro que sirve para ponerlo en valor. Se ve mucho amor puesto en la gente que lo hace, yo sentí eso. Es un ambiente puro, lindo y familiar. Luego de esas nueve noches, se esfuman estos diablos. Desaparecen. El diablo se fue a cosechar remolachas, tiene su vida en el campo, era jefe de bomberos de Uquía, cada uno era algo y no importaba ya a nadie… Y tampoco había diferencias. Se preocupan para que nadie los reconociera, y hasta cambiaban la voz. ¡Fue increíble! Lo que se valora acá es la intención que tiene ese traje, desprenderse de la negatividad acumulada en el año, el diablo de la alegría y la oportunidad de ser alegre en ese momento y de ser feliz. Trabajar para ser feliz, aunque sea con estas nueve noches, es una enseñanza alucinante.

¿Qué esperás de la muestra en CCK?  Deseo que la muestra sirva. A ellos les cuesta muchísimo esfuerzo, se gastan todos los ahorros que tienen en un traje. Ojalá sirva para que se conozca y se difunda más y ellos puedan contar con apoyo para poder seguir y se los valore como se lo merecen. Percibí que muchos de ellos se quejaban de ser poco valorados y espero que con esto la gente diga: ‘¡Qué genial que está!’ y que puedan seguir por mucho tiempo más porque muchas veces la gente se frustra.

Danos una pincelada de cómo será la exhibición.  La muestra es muy interesante. Se encuentra en el espacio de la Plaza del CCK. No tiene paredes. Es una puesta muy original porque son cincuenta y cinco obras, muchas de gran formato, y la está hecha en degrade, de mayor a menor. Los cuadros están volando, delimitados con un perímetro de luz, y en los reversos de las obras lo que hicimos fue trabajar pensamientos de la cosmovisión andina. Entonces la gente va a poder disfrutar también eso, sentir y empaparse de lo que es la cultura del norte. La música la hizo Gaby Goldman. La compuso él y es hermosa. Además de que es mi primo y lo admiro muchísimo, él quiso hacer la música original. Hay muchos aspectos: imágenes, música, pensamientos y cultura. Lo construí como un evento cultural que fue lo que vivencié en Jujuy y buscando lograr que la gente trate de sentir lo que uno vivió allí. Las personas que vayan a la muestra van a poder empaparse y la ida es que después quieran viajar, ir y verlo personalmente.

¿Tu reflexión final?   La idea es también poder llevar esta muestra a Jujuy para que mucha gente, que no puede venir a visitarla a Buenos Aires, pueda compartirla. Me encantaría poder llevarla y que Los Diablos estén presentes también ahí, viéndose ellos también. Ese es mi sueño que no se pudo concretar aún. Yo les mandé las fotos a todos lo que participaron, pero que ellos vean esto plasmado en una muestra sería un sueño que ojalá se pueda concretar.

La Diablada
Por Gaby Herbstein
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